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ENTREVISTA - Gilles Drevon Lieffroy DO

Esta entrevista al fundador del Instituto Argentino de Osteopatía fue publicada en Osteopatía & terapias no convencionales en 2007, año de su fallecimiento, que ocurrió el día 26 de octubre. En ella es posible apreciar su trayectoria en Argentina, su pensamiento sobre el concepto y la práctica de la Osteopatía, como asimismo conocer el desarrollo de esta disciplina en nuestro país, donde Gilles Drevon Lieffroy fue uno de los pioneros. 

Gilles Drevon Lieffroy D.O. llegó a la Argentina en 1986 e instaló su consultorio de osteopatía el mismo año. Venía de Paraguay, donde había vivido desde su partida de Francia en 1983. En aquel entonces eran muy pocas las personas que conocían la Osteopatía. Era un poco como Colón al desembarcar en tierra desconocida y no tenía idea de lo que le esperaba.
 
Osteopatía: ¿Por qué razón eligió radicarse en la Argentina?
GDL: La idea se me impuso para poder reecontrarme con una mujer que conocí en Paraguay.
 
Osteopatía: ¿Conocía ud. Argentina?
GDL: Casi nada. Desde las clases de geografía en el colegio yo sabía que existían la Pampa, la Patagonia, los Andes, que había gauchos, indios y vacas. Me fascinaba la música andina. Conocía la historia de Perón y Evita por haber leído revistas cuando era chico, en Francia. Sabía de los movimientos terroristas y de la dictadura militar pues siempre fui un gran lector de prensa. Recuerdo haber visto a la gente vivando a Galtieri en Plaza de Mayo en 1982 en la televisión francesa y no poder creerlo, pues se sabía en Europa cómo iba a terminar la historia.
En Asunción, un paciente mío diplomático argentino, muy simpático, me dijo cuando le informé de mi deseo de radicarme aquí: "Bienvenido a nuestro país pero tengo que decirle algo. Tenemos un lema: Para qué hacerlo simple si podemos hacerlo complicado". Debo confesar que no me mintió.
 
Osteopatía: Ser el primer osteópata en Argentina ¿no le resultó muy difícil?
GDL: Yo no fui el primero. El primero fue un inglés, el Dr. Berger. El vino aquí como empleado de una compañía de ferrocarrilles, se casó con una chica argentina y se fue a estudiar osteopatía en Chicago, siguiendo las órdenes de su hermano mayor. Instaló un consultorio en Buenos Aires, donde tuvo un enorme éxito. Con el gobierno de Perón tuvo problemas y lo persiguieron varias veces por ejercicio ilegal de la medicina, hasta que un día lo vino a consultar el Dr. Ramón Carrillo, entonces ministro de salud. Padecía una ciática hiperálgica rebelde a todos los tratamientos de la medicina convencional y llegaba en silla de ruedas. Berger lo curó rápidamente. Entonces Carrillo le dijo: "doctor lo suyo debe darse a conocer" y le ofreció una cátedra en la Facultad de Medicina de la UBA. Berger enseñó allí hasta la revolución libertadora, cuando lo echaron por peronista.
Entonces se jubiló. Lo sucedió su hijo médico y osteópata formado también en Chicago. Este falleció en los comienzos de los años 80 y no tuvo sucesor.
Hubo otro osteópata, mi amigo Denis Chaboud, casado con una argentina. Él se radicó aquí un año antes que yo. Volvió a Europa en 1990.
Volviendo a su pregunta, le diré que no tuve demasiadas dificultades. Me ayudó bastante la prensa.
 
Osteopatía: ¿Cómo fue esto?
GDL: En mi juventud, durante la carrera en la universidad, trabajé en una revista como periodista y publicitario para poder vivir. Aprendí ambos oficios, lo cual me permitió manejarme con los medios. Como no conocía a nadie, me presenté en varios medios, como Clarín, La Nación, Uno Mismo, etc. A los responsables de redacción les dije “¿conoce usted la osteopatía?”. La respuesta era siempre negativa. Entonces, les expliqué y les entregué fotocopias de notas y de libros europeos sobre el tema. Me hicieron entrevistas que me llenaron el consultorio. Por supuesto, hubo muchos curiosos que buscaban milagros. Pero se constituyó la base de pacientes que luego me recomendaron. En realidad, ésta es la forma en que se difunde la osteopatía: de boca en boca. Los resultados, a menudo inesperados, inducen a los pacientes agradecidos a recomedarla a sus conocidos.
 
Osteopatía: ¿Lo llamaron de las radios o las cadenas de televisión?
GDL: Sí, por supuesto. La mayoría del tiempo era para proponerme publicidad cuyos costos estaban fuera de mi alcance. Una emisión muy conocida de una señora muy conocida me invitó para una entrevista. Por supuesto acepté. Cuando llegué al canal me dijeron que antes tenía que hablar con una persona que me indicaron. ¡Ella me pidió 2000 dólares! Contesté que me habían invitado, que no era publicidad sino información y que no iba a pagar.
 
Osteopatía: ¿Y qué paso?
GDL: Me fui. Me parece deshonesto hacer pasar publicidad por información.
 
Osteopatía: ¿Cuándo se le ocurrió crear una escuela?
GDL: Tenía la idea en la cabeza desde varios años. Ya la tenía en Paraguay. La oportunidad se dio cuando vinieron a verme algunos kinesiólogos y médicos para que les dictara cursos de osteópatía. Me negué pues no se puede enseñar osteopatía en cursitos. Es una carrera de nivel universitario. Además, yo pertenecía al Registro de Osteópatas de Francia, cuyo código de ética prohibe la enseñanza de osteopatía fuera del marco de una carrera. Les propuse que organizáramos una carrera siguiendo el modelo de las escuelas europeas, particularmente francesas, que eran lo mejor entonces, en cinco años y 1500 horas de tiempo parcial. Aceptaron la propuesta y, en abril de 1992, empecé con los primeros seminarios en el consultorio de un kinesiólogo, hoy osteópata, en la calle Pasteur, frente a la AMIA.
 
Osteopatía: ¿Cómo le fue?
GDL: Bien. Hubo defecciones pues la mayoría, por no decir todos, no sabían qué venían a buscar. Alguna recetas mágicas seguramente. No me sorprendió pues les pasó lo mismo a los de mi generación, que estudiaron en los años 60-70. Se necesita tiempo para descubrir que no hay recetas mágicas y que lo importante es el concepto y no las técnicas.
 
Osteopatía: ¿Usted era el único docente o había otros?
GDL: Estuve solo el primer año. Luego, pedí ayuda a un colega francés que había conocido en Paraguay y empezaron los sinsabores.
 
Osteopatía: ¿Qué paso?
GDL: Primero tenía dificultades en casa con mi pareja que no aceptaba la creación de la escuela y el tiempo que tenía que dedicar a los cursos y su preparación. Fue una pelea permanente durante tres años. Pensé en abandonar hasta que ella cambió de actitud y empezó a aceptar y ayudarme un poco.
Pero lo peor fue que desde el segundo año algunos de mis alumnos, a escondidas, crearon una “escuela de osteopatía” para los kinesiólogos. Ellos, alumnos de segundo años, hacían de docentes en esta escuela y usaban mis apuntes. Al año siguiente, convencieron a mi colega francés de enseñar en su escuela. Disponían de mucho más dinero que yo para seducirlo. Fue cuando empecé a invitar docentes extranjeros, franceses y canadienses.
 
Osteopatía: ¿Cómo pudo pagarles?
GDL: Gracias a la convertibilidad. Sin ella no hubiese creado la escuela pues no hubiera podido trabajar con docentes de afuera. Y no había ninguno aquí salvo yo.
Tuvimos la opoprtunidad de anudar un acuerdo con una escuela canadiense, el Collége d`Etudes Ostéopathiques de Montreal, según el cual podíamos usar su material didáctico y sus docentes. Fue una ayuda importantísima pues desde el primer momento disponíamos de una excelente calidad de enseñanza. Con el tiempo hemos aportado modificaciones y adoptado cosas que todavía no tienen en Canadá, como la clínica externa, donde los alumnos atienden pacientes bajo control docente. Consideramos, como en las escuelas británicas, que esta es la materia más importante, pues todo lo que se estudia tiene por única finalidad la atención de los pacientes. En Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, Rusia, le dedican un mínimo de 1000 horas. Nosotros aquí 700, más 200 horas de ayuda a docentes.
Hoy, estoy muy preocupado por la inflación pues la administración de la escuela se torna más complicada. Hacer venir docentes de afuera cuesta más del triple y necesitamos su aporte pues debemos mantenernos al tanto de las investigaciones y de los progresos que se realizan en el mundo. Fíjese que los costos por el primer semestre de 2007 aumentaron un 30%. Por suerte, tenemos un cuerpo docente muy dinámico, muy estudioso y que se juega por la osteopatía. Son osteópatas, médicos, kinesiólogos, una psicóloga, un odontólogo, y son ellos los que permiten que la escuela tenga un nivel internacional.
 
Osteopatía: ¿Qué criterios le permiten saber que la escuela tiene nivel internacional?
GDL: Primero, por la opinión de los extranjeros que vienen a enseñar aquí. Tanto estadounidenses, canadienses, como franceses o belgas, todos reconocen la calidad de nuestra formación, que pueden constatar fácilmente al trabajar con nuestros alumnos o nuestros colegas egresados del instituto. También, cuando nuestros alumnos y colegas viajan al exterior y se encuentran con osteópatas de otros países y se dan cuenta que están al mismo nivel. Últimamente, un alumno nuestro, titular del Certificado de Clínica Osteopática (CO) de nacionalidad suiza, obtuvo el reconocimiento de su título para ejercer en su país de parte de la administración de salud suiza. Cuando uno sabe lo meticulosos que son allí, no puede más que sentirse orgulloso. Además, una de las mejores escuelas francesas, el Instituto Superior de Osteopatía, después de haber controlado nuestro programa pedagógico, manda estudiantes suyos para efectuar pasantías incluidas en su currículo académico. Hace un par de años, el Presidente de la Federación Europea de Osteópatas, Armand Gernasois DO, nos mandó una carta oficial en la cual subrayaba la seriedad y la calidad de nuestra formación.
 
Osteopatía: ¿Algunas críticas deben recibir supongo?
GDL: Sí, algunas, sobre todo de parte de gente que egresó del instituto. Pocas veces constructivas, debo reconocer. Pero los osteópatas somos seres humanos, como los demás. La envidia existe y sigue siendo un misterio para mí. Muchas veces los que más critican son a quienes uno más ayudó. Será cierto el dicho francés: “El deudor no perdona nunca”. Me costó mucho aceptar este tipo de actitud. Me tranquilicé hace poco tiempo cuando un hijo mío me citó una frase del emperador Napoleón: “La envidia es el reconocimiento de la propia inferioridad”. Alguna experiencia del tema habrá tenido él.
Supongo que cualquiera que emprende algo tropieza con esta dificultad.
 
Osteopatía: ¿Hay otras escuelas de osteopatía en Argentina?
GDL: Depende de lo que llamemos escuela. Si nos referimos a una estructura académica que brinda formación de acuerdo con las normas internacionales (mínimo de 1500 horas cátedra para profesionales de la salud y 4000-5000 horas cátedra para titulados del secundario) hay una sola. Está en Buenos Aires y dirigida a kinesiólogos. Ninguna, salvo el instituto, brinda una formación de tiempo completo. Actualmente proponemos dos posibilidades. Una de tiempo parcial (2530 horas) para profesionales de la salud y otra de tiempo completo (4700 horas). Ambas se extienden sobre cinco años y llevan al título no oficial de Diploma de Osteópata (DO). No existe ninguna formación oficial en el país.
Lamentablemente, nuestra profesión carece de un marco jurídico, lo cual permite que cualquiera haga cualquier cosa. La “chantada” se va extendiendo hasta en universidades. Aparecen posgrados que apenas alcanzan 300 horas. Peor aún: una “escuela” propone una carrera en 3 años de menos de 400 horas a no profesionales. Según dicen, están “enseñando la nueva osteopatía”.
 
Osteopatía: ¿Existe alguna entidad que garantice la seriedad de los osteópatas para los pacientes?
GDL: Como ya pasó en los países desarrollados y desde sus comienzos, el éxito de la osteopatía debido a su eficacia suscitó la aparición de gente autoproclamada y de estafadores de todo tipo.
No hay milagro. Una formación seria requiere trabajo y tiempo para acumular experiencia clínica y palpatoria. Esto significa educar la sensibilidad de la mano pues no hay osteopatía si no se toca o si no se sabe “escuchar” lo que trasmiten los tejidos del paciente. Vemos algunos personajes con actitud de gurúes que imponen las manos y dicen canalizar la energía celestial. Otros, al contrario, practican maniobras violentas y a ciegas sin tener la menor idea de lo que están haciendo. Existen los que se despiertan alguna mañana con la etiqueta de osteópata auto titulado. En Brasi, un kinesiólogo curso de 2 a 3 años en una escuela de osteopatía. Luego la abandonó y creó su propia escuela. Por supuesto, ser autotituló y se otorgó un DO. Egresados de su escuela tuvieron varios accidentes lo que derivó en un rechazo a la osteopatía en la región involucrada. Esto es inadmisible cuando sabemos que en el mundo son escasísimos los accidentes provocados por osteópatas.
Por eso, ellos se organizaron creando estructuras para garantizar la seriedad de la formación profesional y proteger a los pacientes. Los primeros en hacerlo fueron los estadounidenses con la American Osteopathic Association (AOA) y los ingleses en 1936 con la creación del Registro de Osteópatas que fue imitado en todo el mundo y constituyó la base del reconocimiento oficial de la osteopatía en su país.
Aquí existe el Registro de Osteópatas de Argentina (ROA) (del Consejo General Argentino de Osteópatas) copiado del modelo inglés. Este organismo controla la formación académica y el respeto de las reglas de ética profesional. Constituye una garantía seria para los pacientes. También existen asociaciones profesionales como el Colegio Argentino de Osteópatas (CAO) o la Asociación Argentina de Kinesiólogos Osteópatas (AAKO).
 
Osteopatía: ¿Cómo va hoy la osteopatía en la Argentina?
GDL: Se está desarrollando muy rápido. Está floreciente. En Francia, por ejemplo, un 40% de la población conoce a la osteopatía. En Gran Bretaña, un 80%. No se a qué proporción llegamos aquí, pero su difusión se hace en forma exponencial y todos los profesionales estamos colmados de trabajo. Necesitamos muchos osteópatas bien formados y con ética.
Espero que nuestra disciplina sepa evitrar dos escollos. El primero es el dogmatismo. Tenemos modelos explicativos y algunas cosas demostradas. Debemos permanecer abiertos a los avances del conocimiento.
Pero al mismo tiempo debemos cuidarnos del “cientismo”. La osteopatía, como toda la medicina (inclusive la medicina oficial en la cual las evidencias no superan el 40%) no es una ciencia. Es un arte, una práxis basada en una filosofía y en ciencias que son la anatomía, la fisiología, la embriología, la física, la química, etc. Ni bien estamos en contacto con un ser humano interviene la calidad de la relación terapéutica, de la intuición, de la escucha.
 
Osteopatía: En general, los honorarios de osteopatía son elevados ¿Por qué razón? ¿Existe la posibilidad de acceder a la osteopatía a personas carenciadas?
GDL: Los honorarios son altos, es cierto, pero hay que ver bien cómo son las cosas. Una consulta osteopática requiere aproximadamente una hora de tiempo y no algunos minutos como la mayoría de las consultas médicas. Por otro lado, muchos pacientes vienen a vernos después de haber recorrido una amplia parte del espectro de las especialidades de la medicina porque no tuvieron resultado positivo. Esto representa un costo enorme que incluye a veces operaciones inútiles.
Cuando, gracias a la osteopatía, se curan, se acaban los gastos. Eso lo entendieron bien las compañías de seguros y los organismos de seguridad social en los países desarrollados. Se calculó, en Francia, que el costo de la osteopatía es inferior al 10% de la medicina convencional. Las personas de escasos recursos pueden ser atendidas en la clínica externa del instituto. Nuestra capacidad es limitada porque nuestra estructura es pequeña. Sería bueno que los hospitales públicos nos abrieran sus puertas. Tendrían osteópatas gratis con los pasantes, igual que en Europa, o, cerca de nosotros, en Brasil.
 
Osteopatía: ¿Hay diferentes corrientes dentro de la osteopatía? ¿Existen especiallidades?
GDL: Siempre existieron corrientes en la osteopatía porque su esencia no la constituyen las técnicas sino su concepto. Siempre existieron “hueseros”, terapeutas utilizando sus manos, a menudo con muchísimo talento. Pero ellos no tuvieron seguidores pues carecían de un concepto. De la misma manera, existieron muchos conceptos terapéuticos pero no tenían una práxis concreta. El genio del Dr. AT Still es haber unido concepto y praxis. El nunca dio mucha importancia a las técnicas (hoy se conocen las suyas que son muy suaves y extraordinarias). Consideraba que lo importante es saber qué hacer, dónde y por qué.
El “cómo” era lo de menos y quedaba a criterio del alumno en función de su evolución propia.
Yo recuerdo las disputas cuando estudiaba en los años 70 entre los “estructuralistas” (que solamente admitían las normalizaciones osteo-articulares) y los “cráneo-fluídicos” despreciativamente apodados “champuinadores” (por tocar la cabeza) que intentaban tratarlo todo a través de técnicas cranelaes y fluídicas. Hoy cada uno adapta su forma de trabajar según su personalidad, la de su paciente y las circunstancias. Interviene la intuición, el “saber hacer”. Nos hablan a menudo del efecto placebo. Seguro que interviene en toda relación terapéutica. Es parte de ella. Aun en la medicina oficial. Una droga recetada por un médico que contiene y escucha a su paciente tendrá un efecto diferente si está recetada por un profesional que no escucha y se conforma con prescribir y analizar exámenes de laboratorio. De la misma manera, existe el efecto “nocebo”, que es el contrario.
Todo osteópata es un generalista pues atiende a un paciente en su integralidad. Al límite, podemos admitir que algunos se dediquen a los niños o a los deportistas por predilección. Pero atenderán a estos pacientes en su globalidad, de la misma manera.
Alguien que pretende ser osteópata “cráneo-sacro” o “fluídico” o “energético”, no es osteópata.
 
Osteopatía: ¿Qué tipo de dolencias trata la osteopatía y cuánto tiempo dura un tratamiento?
GDL: La osteopatía trata disfunciones somáticas funcionales. La base del concepto osteopático es la relación estructura/función. Una disfunción osteopática es una pérdida de movilidad de una estructura con respecto a otra. Este bloqueo (por ejemplo entre dos vértebras, dos órganos, dos huesos craneales, etc.) provoca una densificación local de los tejidos. Esta densificación va a alterar la circulación de los líquidos (nuestro cuerpo está compuesto por 70% de agua) lo cual va a favorecer la acumulación de metabolitos y toxinas en los tejidos, frenar el aporte de oxígeno y de nutrientes, ejercer tensiones que se manifestarán en todo el cuerpo por las fascias (tejido conjuntivo). El resultado, al cabo de cierto tiempo, será una modificación del terreno que se volverá favorable a la aparición de cualquier tipo de enfermedad.
Además, los físicos nos dicen que la materia es energía organizada. Si tenemos una zona más densa, tiene más materia, es decir, más energía retenida. En lo que se refiere a la energía, los físicos la definen como información circulando. O sea que una disfunción osteopática es una retención de información, un verdadero quiste energético cuyo orígen puede ser traumático, toxémico u emocional. Esto nos permite entender que una disfunción osteopática involucra a todo el organismo y que éste responde en su totalidad.
Por lo tanto, el abanico de enfermedades en las cuales interviene la osteopatía abarca todo el espectro de patologías siempre y cuando no son orgánicas (por ejemplo, un cáncer, una hemorragia, una fractura). Aún en estos casos, la osteopatía puede ayudar mucho a un tratamiento convencional.
La duración depende de la capacidad de respuesta del organismo del paciente, de su colaboración y de la competencia del osteópata. Puede extenderse sobre dos o tres sesiones o durar varios meses.
 
Osteopatía: ¿Cómo encontró usted la osteopatía?
GDL: Un amigo médico me hablò de un hombre que “movía los huesos del cráneo” en una ciudad de Gales llamada Shresbury y me propuso ir a visitarlo. Era en 1974. Me parecía un chiste, pero era una oportunidad para pasear un poco. Nos encontramos con Denis Brookes DO. El nos invitó a verlo trabajar en su consultorio durante un día. Ví lo que eran milagros para mí. Quedé fascinado. Esa era la medicina que yo quería practicar y no tenía nada que ver con lo que había aprendido en la facultad. Decidí estudiar en el College of Osteopathy (hoy College of Osteopaths o COET) cerca de Londres. Me recibí en 1979. Ya había creado mi primer consultorio en Francia el año anterior.
 
Osteopatía: ¿Piensa usted que la osteopatía es la medicina del futuro?
GDL: Sin lugar a dudas. Pero no estará sola. Hay un movimiento generalizado en el mundo para orientarse hacia formas más humanas, menos agresivas, menos invasoras que la medicina convencional occidental. Esta es una medicina de urgencia pero su fracaso es patente en materia de prevención y como proveedora de bienestar. Lo que llama prevención es en general diagnóstico precoz. Es muy eficaz ante patologías pesadas, cuando las defensas del organismo han sido superadas. La osteopatía trata las causas, a menudo en el estadío infra-clínico, permitiendo al organismo curarse solo. Como decía el Dr. Ramón Carrillo: “Está bien tratar enfermos pero mejor es evitar que se enfermen”.
 
Osteopatía: ¿Ve usted posible que se oficialice aquí la osteopatía?
GDL: Si se consiguió en Francia, donde el lobby médico es ultra corporativista y donde los osteópatas estuvieron perseguidos judicialmente durante 40 años, estoy seguro de que lo lograremos en Argentina. Eso llevará tiempo y trabajo. Somos nosotros los que debemos organizar nuestra profesión, estructurarla, darle reglas claras y respetarlas. Ya, lo dije antes, existen organizaciones como el Registro y las asociaciones profesionales. Debemos desarrollarlas. Antes que nada, debemos estar unidos, dejar de lado el oportunismo, el egoísmo, no permitir que el ego de uno trabe la unión. La osteopatía es generosa con los pacientes por su eficacia y con nosotros pues nos permite vivir de nuestra profesión con decoro. Intentemos TODOS hacer algo para servir a la osteopatía y no servirnos de ella para nuestras ambiciones personales.
Si no organizamos bien esta profesión nuestra, otros lo harán, y es poco probable que sea bueno para la osteopatía, para los pacientes y para nosotros.
 
Osteopatía: ¿Para usted, el balance de estos 15 años desde la creación del Instituto Argentino de Osteopatía es positivo?
GDL: Por supuesto. Veo que nuestros profesionales son buenos y su éxito lo demuestra cada día.
Desde los cuatro últimos años, notamos un aumento del número de alumnos y, sobre todo, observamos un cambio importante en sus características. Llegan mucho mejor informados y saben lo que vienen a buscar. Se nota que la osteopatía es cada vez más conocida. Hay una mayoría de médicos y de kinesiólogos. Sin embargo, los no profesionales son cada vez más numerosos y va aumentando regularmente el número de jóvenes recién egresados de la secundaria.
Me llama la atención el hecho de que habiendo evaluado las distintas propuestas, elijan nuestra escuela, que es la más exigente en cuanto al nivel académico y a la carga horaria.
Lo que lamento es que el desarrollo de la osteopatía sea lento. Fíjese que en Canadá, el Collège d`Etudes Ostéopathiques de Montreal creado en 1981, tenía cincuenta alumnos por promoción al cabo de seis años de existencia. Nosotros después de 15 años recién llegamos a 100 alumnos.
Las poblaciones de ambos países son bastante parecidas en cuanto al número de habitantes. Supongo que la diferencia viene del nivel general de la educación.
 
FUENTE: Osteopatía & terapias no convencionales, año 2007
 
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